miércoles, 11 de octubre de 2017

Comentario del libro Pensar con las manos, de Manuel F. Lorenzo.

Comentario del libro Pensar con las manos, de Manuel F. Lorenzo.
Lulu, Morrisville, 2017, 216 páginas.
Carlos Javier Blanco Martín
Doctor en Filosofía.

Las aportaciones de la Filosofía a las Ciencias Cognitivas han sido continuas y esenciales. Desde su propio nacimiento, esta especie de "comunidad" interdisciplinar que es el cognitivismo contó con la presencia de filósofos y de aportaciones filosóficas. No en vano, se trataba de investigar de manera empírica y/o formal muchas de las cuestiones clásicas de la epistemología, filosofía del lenguaje, teoría de la mente, etc. Sin embargo l predominio, allá por los años 50 y 60, de una Filosofía de la Mente y del Lenguaje de corte neopositivista, analítico, en el mundo anglosajón, limitó el papel de los filósofos en esta comunidad interdisciplinar cognitivista. Esa moda analítica y neopositivista contaba, indudablemente, con ventajas operativas a la hora de hacerse entender con psicólogos, expertos en inteligencia artificial (muchos de ellos, a su vez, matemáticos y físicos), lingüistas, etc. La ventaja consistía en el uso frecuente de formalismos lógico-matemáticos, el conocimiento exhaustivo de la lógica y de técnicas formales para la resolución de problemas antaño considerados "metafísicos". Además, esta corriente, mayoritaria en la academia anglosajona, había adquirido el hábito saludable de analizar cuestiones concretas al máximo detalle, transitando desde las críticas puramente abstractas o conceptuales hasta las soluciones y experiencias de laboratorio o de simulación, en un ambiente de colaboración interdisciplinar y aprendizaje cooperativo sin barreras ideológicas, gremiales, etc. Pese a ello, también se fueron observando grietas y fatigas. La Ciencia Cognitiva nunca pudo ser monolítica en sus orientaciones más básicas, y otros paradigmas reprimidos, "más continentales" y menos anglosajones, comenzaron a aflorar. Así, hemos podido apreciar una vuelta a la Fenomenología, o al constructivismo piagetiano, y un reblandecimiento de los modelos más rígidamente formalistas (a la vez, mecanicistas).

El libro que quiero reseñar en Ciencia Cognitiva se hace eco de esa tendencia teórica que desea ir más allá de una especie de "neurocentrismo". Todo lector se ha percatado de la tendencia actual: poner la raíz "neuro" delante de las más variadas disciplinas, a veces sin justificación. Si ya es tradicional, y bien fundada, la existencia de una neuropsicología, no se podría decir lo mismo de una "neuroeconomía", una "neurohistoria", etc. si detrás de ello no hay suficientes modelos que intenten poner los puentes entre las ciencias. Tal parece como si los organismos y las poblaciones y sociedades de organismos fueran unos autómatas controlados por un órgano central que, debidamente programado, ejecuta todas las funciones biopsicosociales. Pero el enfoque de "Pensar con el Cuerpo" (Embodied Cognition) de Varela, Thompson, Rosch, etc. ha roto con esta visión neurocéntrica estándar.  

Manuel F. Lorenzo, a lo largo de su libro Pensar con las manos, reconoce como afín a su enfoque, este giro corporeísta interesante en el cognitivismo. Además, al dedicarse profesionalmente a la Historia de la Filosofía, el autor traza las genealogías de todas estas ideas. Hay un par de escuelas que no se pueden ignorar. De manera inmediata, el regreso de la Fenomenología es clave a la hora de entender éste auge de lo corpóreo. En la densa obra de Edmund Husserl se aprecia un gradual abandono del descripcionismo más mentalista a favor de una presencia más decidida del "mundo de la vida", en cuyo seno está el cuerpo del sujeto no sólo como "conocedor" sino también como "actor". Un discípulo de la fenomenología, y además marxista, como Merleau-Ponty, desarrollará mucho más este protagonismo del cuerpo, más que de la mente, en su filosofía.

El otro gran hito que antecede el enfoque Embodied Cognition, podría situarse en la Epistemología Genética de Jean Piaget. El psicólogo ginebrino nunca pudo ser tenido, realmente, como miembro del bando conductista, ni partidario del mentalismo. Su obra, como es bien sabido, consiste en la defensa de un interaccionismo o circularismo, en el cual participan por un lado, y desde el principio, las acciones exteriores del sujeto (que a un nivel superior pasan a llamarse operaciones), y por el otro lado, los procesos internos que, básicamente, son puntos de partida para acciones y operaciones encaminadas a un mejor equilibrio y adaptación.

Manuel F. Lorenzo lleva ya unos años desarrollando un sistema filosófico que se basa en este tipo de fundamentos: en lugar de partir (a) de las sensaciones o hechos básicos de la experiencia, como había tratado de hacer, sin éxito, el empirismo y sus derivados (empirismo lógico, neopositivismo…), o en (b) alguna idea abstracta, ajena o desprendida de la experiencia (la sustancia, Dios, las ideas innatas), como había tratado de hacer el racionalismo y el dogmatismo en general, el autor parte del legado irrenunciable del idealismo crítico de Kant, especialmente en lo que hace a dos de sus discípulos más creativos e influyentes, Fichte y Schelling. Por un lado, Fichte, de una forma que parece anticiparse al pragmatismo, así como al enfoque Embodied Mind y al constructivismo de Piaget, no parte del Yo (hoy diríamos, de la "mente" o "conciencia" puras) ni del no-Yo (diríamos, el "objeto" o la naturaleza), sino de un Yo absoluto que ya incluye esa mente en sus "contactos" con un entorno objetual. El gran idealista parte de las acciones del Yo, y no de las representaciones del Yo, creyendo con ello interpretar adecuadamente a Kant. Por su parte, Schelling es clave a la hora de defender un "positivismo" muy diferente del de Comte (quien hacía partir su sistema de los "hechos"), remitiendo el origen o fundamento de su sistema en una "indiferenciación", muy similar a la de Piaget, entre la mente y la naturaleza. En lugar de retroceder (regressus) hacia una cosa-en sí completamente incognoscible el sistema del Schelling tardío evita segregar la naturaleza (un mundo de objetos no tocados por conciencia alguna), como hacía Fichte desde el principio, y lo funde con el propio Yo (mente o conciencia), previamente a todo un juego de diferenciaciones o escisiones, que va dando cuenta de los progresos cognitivos.


Con tales precedentes filosóficos, y servido de las nuevas tendencias de la Ciencia Cognitiva, Pensar con las manos ofrece otra visión del Sujeto: un Sujeto quirúrgico, que construye el mundo. Un libro que interesará.

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