domingo, 1 de octubre de 2017

Vergüenza

Vergüenza


Quizá el dolor y daño que están causando los golpistas instalados en Cataluña sirva para algo. Lo que no nos mata nos ha de hacer más fuertes. Quizá hayamos tocado fondo, después de años y años sumidos en el fango de las "Autonomías". Quizá, después de la agitación de banderas y consignas, todos los españoles seamos capaces de sacar algunas conclusiones.
1.       Conclusión pedagógica. No se puede delegar la Educación, así como otros servicios clave para la supervivencia del mismo Estado (sanidad, policía) a un gobierno regional que, además, puede resultar desleal. La hispanofobia nace en las escuelas, se transmite y engorda en ellas. Debe recentrarse la Enseñanza, se debe crear un nuevo cuerpo de funcionarios de la Enseñanza de lealtad probada al Estado, que reserven sus inyecciones de ideología al ámbito privado, y que se ocupen exclusivamente de fortalecer voluntades y entendimientos.
2.       Conclusión económica. No se puede alimentar más a la serpiente. Al contumaz no se le soborna. Los españoles nos vamos a hartar de esta infame concesión de privilegios a una minoría "soberanista" que, en verdad, se ha mostrado insaciable y desleal. Todo tipo de "concierto" y trato de favor a un territorio  habrá de verse, a partir de ahora, como lo que es: in instrumento para la infamia. Infamia es que existan españoles de primera y españoles de segunda. Esto es suicida.
3.       Conclusión geopolítica. Esta operación "soberanista" coincide, básicamente, en sus métodos y fines, con intentos no muy lejanos (año 2011, por ejemplo) encaminados a hacer quebrar a España financieramente. La nación resultó lo bastante fuerte entonces a la hora de afrontar los ataques financieros internacionales, concertados, puntualmente, con la "revolución de color" que aquí se quiso implantar, como si fuéramos un país del Magreb, y de cuyos flecos nació el populismo de Podemos. Hay fuerzas muy poderosas en el exterior que desean quitarse de en medio a España (Soros, monarquías árabes, los petrodólares en general, competidores europeos de la UE).  
4.       Conclusión metahistórica. La existencia de una España unida y fuerte siempre será un obstáculo para las fuerzas mundialistas. Hay enemigos de nuestra nación mucho más informados en materia histórica que nuestros propios paisanos. Saben que la Civilización europea-occidental y cristiana existe por la constante y denodada labor de España, como Imperio y como dique de contención. Saben que los hitos que jalonan nuestro pasado (Covadonga, Navas de Tolosa, Granada, Lepanto…) permitieron una Europa libre y próspera, aunque desagradecida. Y esos enemigos saben, como supieron grandes filósofos, desde Oswald Spengler hasta Gustavo Bueno, que la civilización hispana fue la gran alternativa geopolítica y espiritual a esa clase de modernidad depredadora y egoísta que fue la Europa mercantilista francesa e inglesa.

En las ruinas de nuestros castillos, en el despojo de iglesias y conventos desamortizados, en las estatuas corroídas de nuestros héroes, en los olvidados campos de batalla llenos de ortigas y espectros, aún quedan semillas de esa Hispanidad que fue, y que puede tornar al ser. Sólo se trata de volver a enseñar bien la Historia en nuestras escuelas. Sólo se trata de vacunar a nuestros niños contra el odio. Sólo consiste en meter al ladrón en la cárcel (es decir, a casi la mitad de la casta política). Es tan fácil como suspender el Estado de las Autonomías y refundar Las Españas de una vez. Hacerlo ya, y no para "conquistar el mundo", sino para contribuir a que se conserve un tipo de mundo, una forma de vida que tiene derecho a la vida. Una forma de vida que llevamos a las Américas, al África, al Extremo Oriente, y que los piratas de entonces, no muy ajenos a los bandidos de hoy, nos quitaron.

Vertebremos esas escuelas, a la vez que apoyamos y damos aliento a nuestros cuarteles. Niños estudiosos, soldados firmes, trabajadores honrados…Hay que empezar de nuevo. Volver, con paciencia y tesón, a construir. Este régimen, esta Constitución, estas "élites" ya no dan más de sí. La vieja España se muere. En Cataluña, simplemente, el olor es más intenso porque está más avanzada la putrefacción.


Ya casi lo estoy oyendo desde aquí. En una lejana escuela de algún perdido pueblo un niño estudia en voz alta su lección y aprende, tesonero, con ciencia, sin adoctrinamiento. Él es el futuro. Ya lo estoy oyendo: en alguna universidad, en un cuartel o en cierta fábrica, unos jóvenes piensan en sus hijos y en el futuro, seguro y orgulloso, que ellos, padres, pueden contribuir a darle. Es esa España que, desde esta vergüenza de 1-O, puede estar naciendo. Naciendo de la vergüenza, y del deseo de no seguir cayendo en picado. Nunca es tarde para empezar de nuevo. 

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