lunes, 8 de enero de 2018

El anclaje ontológico del materialismo de Gustavo Bueno. Parte I.

El anclaje ontológico del materialismo de Gustavo Bueno. Parte I.

El término ontología podría parecer más neutro que el de metafísica, si lo que se pretende es mantener un enfoque crítico, materialista, racionalista, como el de Gustavo Bueno, y no, por el contrario, un enfoque espiritualista ni monista. Esta opción terminológica implica la negación de dos supuestos que resultan ajenos –por definición, y por respeto a la tradición- al materialismo filosófico:



a)      El supuesto de la existencia de entes reales pero no corpóreos, dotados de alma o de alguna de sus potencias (sensibilidad, entendimiento). Este supuesto queda enérgicamente rechazado por Bueno.
b)      El discurso acerca de un "ser en general", que implica un monismo. Bueno excluye o rechaza un ser común o general a partir del cual todos los demás sean comprendidos como determinaciones o especificaciones suyas.

Las tradiciones filosóficas clásicas que se reclamaban cultivadoras de la Metafísica (Escolástica, Racionalismo, Idealismo alemán, etc.) admitían estos dos supuestos, y de hecho partían de ellos. Así pues, el materialismo filosófico bloquea cualquier tipo de confusión con ellos al negar explícitamente los supuestos (a) y (b).

Ahora bien, el rechazo del materialismo filosófico de  estos dos supuestos (a) y (b) no puede ser un descarte total, a modo de corte con bisturí "por lo sano". El rechazo, acorde con los presupuestos del propio materialismo filosófico, debe consistir en una reformulación. Una filosofía que se muestra crítica con las anteriores debe imponerse la obligación de absorberlas y superarlas, pues la historia filosófica de la filosofía es una historia dialéctica. Supondría una recaída en el dogmatismo el rechazo terminante de (a) sin una mayor argumentación o crítica destinada a absorber y superar los dos supuestos de arriba. Esto implica que, junto a la exposición rigurosa y honesta de teorías y doctrinas del pasado, de la tradición, el materialismo filosófico está obligado a la reformulación de las mismas, entendiendo por reformulación la presentación crítica y comparada de sus tesis, contrastadas con los desarrollos positivos de las ciencias y con las críticas efectivas de tradiciones filosóficas diferentes a las que se analizan y se toman como referencia. Entonces tenemos que:

a)      Los entes "espirituales", esto es, no corpóreos, en lugar de ser –sin más- descartados, tendrán que verse puestos en correspondencia con realidades materiales, distribuidas en los tres géneros de materialidad: M1, M2 y M3.

Un  "espíritu incorpóreo" (un ángel, o la mente humana funcionado al margen y "por encima" de su cerebro, el alma sobreviviendo a la corrupción del cuerpo, etc.) no tendría cabida como unidad ontológica en un sistema del materialismo filosófico, no sería digna de tomarse en consideración en el materialismo. No son entes, en el sentido subjetual. Ahora bien, como propiedades, y no entes, propiedades no corpóreas, (M2 ó M3) de entes que necesariamente sí son corpóreos (M1), el materialismo filosófico está obligado a hacer de ellos una reformulación si quiere mantenerse en el plano crítico-dialéctico y no permanecer autista ante la tradición.

Los pensamientos y emociones de una persona existen en su propio género –M2- como producto de la actividad neuronal –M1-, y en ellos ha de encontrar un anclaje. A su vez, tanto los pensamientos y emociones como los disparos de neuronas que les subyacen son susceptibles de atenerse a y explicarse por normas y legalidades –M3- que no se dejan reducir a la mera condición de "hábitos".

Dicho esto, es evidente que Gustavo Bueno huye del reduccionismo y considera que el género M2 (la subjetividad, la vivencia, la intimidad, el "fuero interno") no se deja traducir nunca fiel ni exhaustivamente en términos de disparos de neuronas, actividad de circuitos cerebrales, neurotransmisores químicos, etc. (M1). Pero en las exposiciones de Gustavo Bueno hay siempre, de forma necesaria, un anclaje.

El anclaje es el sujeto corpóreo.

Bueno parece haber fundado su materialismo anclando este sujeto corpóreo en el fondo de su sistema y como contrafigura de su pluralismo. Recordemos que su filosofía, en tanto que es una ontología pluralista, está más próxima en este asunto concreto del pluralismo, a muchos espiritualismos que al monismo materialista.

La filosofía de Bueno pretendió no ser metafísica pero sí ontológica bajo el supuesto (a) de la no existencia de sujetos incorpóreos, pudiendo ser, en cambio, perfectamente incorpórea toda otra realidad, convenientemente rebautizada como "materialidad" y distribuida de forma compleja en los tres géneros especiales de materialidad y en sus entrecruzamientos (M1,M2,M3).

Esta forma de proceder nos parece un malabarismo.

Parece un truco que juega con el espectador en el ámbito de las apariencias y que esconde, en lo hondo, una conservación de la metafísica clásica de la que Bueno dice desmarcarse. El malabarismo no hubiera sido necesario si un filósofo no ve nada malo en cultivar una metafísica clásica. Pero si un filósofo de primera talla, como sin duda lo fue Bueno, reconoce volver a la metafísica clásica, esto sería como mostrar mucha humildad y abandonar el hegelianismo. Esto, en Bueno, sería equivalente a renunciar a la pretensión dialéctica de absorber y superar todas las metafísicas anteriores. Lo que a mí me parece poco productivo es que Bueno haya presentado su materialismo anclándose en un suelo bien concreto y localizable: el sujeto corpóreo.

Esta ontología buenista es un materialismo porque, fijándose en el supuesto (a) rechaza el espiritualismo, ciertamente. Pero rechaza el espiritualismo referido a entes corpóreos que puedan ser sujetos de acciones ellas mismas espirituales. Concedámoslo: no hay espíritus descarnados pero sí hay acciones espirituales que proceden de sujetos corpóreos. Y la traducción, correspondencia o reformulación de las mismas acciones en términos fisicalistas –M1- o normativos –M3- siempre será posible.

Es un malabarismo. Bueno admite que la materia corpórea es sólo una clase de materia, que ni siquiera agota el primer género de materialidad (energías, campos, fuerzas), el fisicalista, y además la materia se debe dar en los otros dos géneros que, aun siendo campos relativamente autónomos, no está cerrados unos frente a otros y se entrecruzan. La materia no es sólo cuerpo, pero el sujeto es y debe ser sujeto corpóreo. Este es un anclaje. Por cierto ¿Por qué empleamos la palabra anclaje?

Anclaje por la socorrida imagen del un barco que, flotando en el mar, nunca se moverá de un cierto punto fijado en el fondo marino, punto en torno al cual girará, sufrirá reorientaciones, bamboleos, etc. pero sin apenas desplazamientos. Así le ocurre al materialismo filosófico, que se orienta hacia diferentes horizontes sin desplazarse realmente, sin mostrarse capaz de evolucionar.

Anclar los tres géneros de materialidad en el sujeto corpóreo como procedimiento de bloqueo y como alternativa al muy metafísico sujeto espiritual podría haber tenido un grandísimo interés en aquellos lejanos tiempos libertinos, ilustrados, volterianos, tiempos de los siglos XVII y XVIII en los cuales el peso institucional del clero, y su despotismo en alianza con el Trono podía llegar a resultar irrespirable para el desarrollo científico y filosófico-racional. Incluso podría parecer "rebelde" en el contexto académico del franquismo, régimen oficialmente "espiritualista" y cerrado dogmáticamente a otras tendencias. Pero a la altura del siglo XXI, cuando los despotismos son muy otros, no precisamente los derivados del espiritualismo, creo que este supuesto (a) tal y como es declarado y defendido en la obra de Bueno, parece pobre y empobrecedor. El barco materialista está anclado en este sujeto corpóreo de los años 50 y 60 del siglo pasado; a veces vira hacia la derecha y su materialismo pretende hacer causa común con la parte racionalista del Catolicismo de otrora (Bueno se definió como "ateo católico"), junto con la crítica acérrima –y justísima- de los sustitutos para-religiosos de la izquierda postmoderna (utopismo, pacifismo, vegetarianismo, multiculturalismo, etc.). Pero, en otros casos, según soplen los vientos o así maniobre la marinería buenista (que, fallecido el capitán, anárquicamente manda), el barco vira hacia la izquierda, haciendo entonces del buenismo, nuevamente, el alter ego de un materialismo histórico y dialéctico. Cuando esto sucede así, el barco del materialismo filosófico se enfronta a toda estirpe de idealismos, mentalismos y espiritualismos, "ismos" ellos que, a la manera leninista, habrá que tachar, ipso facto, de reaccionarios. En giros circulares, el barco no suelta amarras, el ancla sigue bien clavada, y su tripulación cifra sus propias fuerzas, ufanamente, en la capacidad de reabsorber la metafísica clásica anterior. Pero no la reabsorbe. La prosigue, la extiende. Es la prolongación misma de este espiritualismo basada en un dogma, pues el supuesto no cuestionado es exactamente eso, un dogma. El dogma del sujeto corpóreo en coyunda con el bloqueo del sujeto activo no corpóreo. Bloqueo que afecta a esta "fuente" o "unidad" generadora de acciones y operaciones tenidas por espirituales. El sujeto, dogmáticamente, enterizamente, es el sujeto corpóreo. Él es el punto de anclaje por el cual el materialismo de Bueno sigue siendo materialismo, y desde este punto desde donde el barco de la Escuela de Oviedo echó ancla, y desde donde todo puede ser "reformulado", "absorbido". Pero rara vez este sujeto corpóreo queda también incluido en un análisis o reformulación. El sujeto corpóreo es, en realidad, un sistema autogenerado de acciones y operaciones (como propone el "Pensamiento Hábil" de Manuel Fernández Lorenzo) y no un ancla para mantener bien fijo el sistema del materialismo.

Así pues, creo que resulta demasiado fácil declararse materialista, contra viento y marea, y a la vez, de una manera muy hegeliana, auto-posicionarse en la cúspide de la filosofía. Cima desde la cual todos los sistemas quedan recogidos como antecedentes. Esos antecedentes, antaño gigantes e impresionantes (escolásticos, cartesianos, idealistas…) ahora nos parecerán, vistos desde la cima buenista, como enanos u hormigas, dignos de una "superación".


Acaso sea esta la ocasión propicia para soltar ancla. Una vez fallecido el capitán de este barco, y viendo muy mareada a la mayor parte de su marinería, hay que probar otra vía. En lugar de anclar todo este magnífico sistema en un sujeto corpóreo tomado como dogma, como coartada para el "materialismo", se debería refundar y rehacer este sistema en la génesis de dicho sujeto. 

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